Palabras de Kyoshu Sama

Con profundo respeto y temor a Dios, me gustaría decir que Aquél que creó cada uno de nosotros fue Dios, el Creador. Su propósito de Creación es hacer con que nazcan hijos que puedan heredar Su propia vida eterna. Para concretar ese propósito, Dios, antes de la Creación, en el Paraíso, concibió los espíritus que se transformarían en todas las cosas del Universo y también concibió los espíritus que se tornarían seres humanos.

Esos espíritus humanos son los que nosotros llamamos “espíritus divinos”. Dios entonces concedió la respiración a todos los espíritus que concibió; Dios inyectó Su propósito de creación en la respiración. Con Su respiración, Dios concedió a nosotros, espíritus divinos, Su vida y conciencia.

En el Paraíso, Dios nos consideraba Sus hijos y nos dio a todos el mismo nombre: “Mesías”. Por lo tanto, la posición de Mesías no fue preparada exclusivamente para alguien en especial. El nombre y la posición “Mesías, un hijo de Dios” fueron concedidos en el Paraíso a todos nosotros, sin excepción, antes de nacer en la Tierra.

En el proceso de Creación del Universo, Dios primeramente envió a todas las cosas a la Tierra y, por último, envió a los seres humanos, concediendo a cada uno de nosotros la conciencia de sí propio. El hecho de que los seres humanos hayan adquirido la noción de si propios – la percepción del “yo”- no es el resultado final ni el propósito de la creación de Dios; Su objetivo es hacer de todos nosotros, seres humanos, Sus hijos y concedernos Su vida eterna.

Con el fin de alcanzar este objetivo, nosotros, seres humanos en la Tierra, debemos retornar al Paraíso por nuestra propia voluntad y recordar aquello que Dios hizo por nosotros en el Paraíso, o sea, recordar que Él nos concedió Su respiración, vida conciencia y alma, y nos dio el nombre de Mesías.

Antes de nacer en la Tierra, Dios nos concedió a todos Su vida eterna. En aquella época, no teníamos la conciencia del yo. Como personas que hoy tienen una conciencia individual de sí mismo, precisamos por libre y espontanea voluntad retornar al Paraíso y recibir la vida eterna de Dios, una vez más, teniendo un nuevo nacimiento. En contraste con el mundo nocturno, caracterizado por la guerra, el hambre y las enfermedades, el mundo diurno resplandecerá con la paz, la riqueza y la salud. El Japón de hoy muestra que estamos en el momento decisivo del cambio.

Precisamos nacer de nuevo y alcanzar la posición de “Mesías, un hijo de Dios” – la posición que Dios nos confirió en el Paraíso antes que nazcamos en la Tierra. Es de esta forma que podremos cumplir el propósito de Dios y vivir eternamente.

Hoy, Dios ya cumplió Su propósito de Creación en Meishu-Sama. Meishu-Sama logró alcanzar la posición de “Mesías, un hijo de Dios”. Así como nosotros, Meishu-Sama fue enviado a la Tierra. En el transcurrir de su vida Meishu-Sama ganó la convicción de que Dios y el Paraíso existían dentro de sí. Por voluntad propia, él decidió retornar al Paraíso interior con toda la humanidad y todas las cosas, recibió la vida eterna de Dios “una vez más” y “tubo un nuevo nacimiento”. Él la recibió y con ella llenó cada célula de su cuerpo. Así, Meishu-Sama cumplió el propósito de la Creación de Dios y alcanzó la posición de “Mesías, un hijo de Dios”.

Hacer con que Meishu-Sama naciera fue una alegría y gloria indescriptible para Dios. Todas las creaciones de Dios, en todo el Universo, están ahora llenas con esa inmensa alegría de Dios. Cada uno de nosotros también está lleno de esa alegría, así como todas las células de nuestro cuerpo.

En junio de 1954, Meishu-Sama declaró abiertamente que “un Mesías había nacido” y que el propio había “nacido de nuevo”. Creo que, a través de esa declaración, Meishu-Sama quería que percibiéramos que la alegría de Dios existe en el centro de cada uno de nosotros.

Para nosotros, fieles de Meishu-Sama, él es nuestro modelo. Dios envió a Meishu-Sama para que cada uno de nosotros también pueda cumplir el propósito de la Creación de Dios y alcanzar la posición de “Mesías, un hijo de Dios”. Como miembros de la Iglesia Mesiánica, si deseas nacer de nuevo como un hijo de Dios, tendrás que reconocer y decir: “Meishu-Sama, que nació de nuevo como “Mesías, un hijo de Dios”, existe en el centro de mi conciencia. Ahora retornaré al Paraíso con todas las personas y todas las cosas”.

Hasta poco tiempo atrás, yo no daba importancia al poder de la mente o al poder del pensamiento simplemente porque son abstractos y no pueden ser vistos por los ojos humanos. Sin embargo, Meishu-Sama nos enseñó repetidas veces sobre su importancia y siempre nos alertó sobre cuán poderosa e ilimitada es su fuerza.

Sabemos por registros de la época que Meishu-Sama resaltó la importancia de la mente especialmente después de haber sido acometido de un derrame cerebral en abril de 1954. Él dijo varias veces a aquellos que servían próximo a él en su casa: “Los tiempos han cambiado. Ahora es diferente. El Johrei no es tan importante ahora. De hoy en adelante, tenemos que usar nuestras mentes y el pensamiento”.

Por valorizar tanto el acto físico de transmitir Johrei, es posible que quisiéramos ignorar esta observación, o fingir que Meishu-Sama no la hizo. Sin embargo, en realidad Meishu-Sama lo dijo; y recuerden: fue a 62 años atrás que afirmó que “los tiempos cambiaron”. ¿Qué sucedió desde entonces? ¿Qué responderíamos a Meishu-Sama si él nos preguntara hoy: Que has hecho o mudado desde 1954?

¿Sera que hemos venido pensando seriamente que el uso de nuestras mentes, del pensamiento, es más importante que el Johrei? Aún creemos que el acto físico y visible de la transmisión de Johrei, y no el acto invisible y espiritual de usar nuestras mentes, el pensamiento, es el mensaje más importante de las Enseñanzas de Meishu-Sama ¿verdad? Debemos mudar esto, y debemos hacerlo ahora.

Ya estamos 62 años atrasados en relación con Meishu-Sama. ¿Cuánto tiempo más vamos a demorar y continuar esquivándonos de este mensaje que Meishu-Sama nos dejó, este mensaje revolucionario que está siempre evolucionando? Quiero recuperar este atraso con relación a Meishu-Sama y aprender que es lo que quiere que aprendamos como sus fieles. Si cualquiera de ustedes también quiere reconocer la verdadera importancia de esa observación de Meishu- Sama, estoy seguro que él estará muy feliz y les enseñará lo que quiso decir con ella.

Creo que a través de esta observación, hecha en 1954, Meishu-Sama quiere que entendamos que nuestras mentes existen para ser utilizadas por Dios; Dios precisa nuestras mentes para hacer Su obra progresar. Tenemos la sensación que podemos usar nuestras mentes libremente y crear cualquier pensamiento que queramos. Sin embargo, como siempre digo, nuestras mentes y emociones también son creaciones de Dios y existen para ser usadas por Él.

Dios preparó nuestras mentes y emociones para que pudiera comunicarse con nosotros a través de ellas. Por lo tanto, no podemos tomar a la ligera el trabajo de nuestras mentes y emociones simplemente por el hecho de no poder verlas. Dios nos observa y sabe todo lo que pasa en nuestras mentes, Él sabe todo lo que sentimos. Él nos ve y escucha con Su gran amor y perdón.

Frecuentemente decimos que precisamos actuar y crear un Paraíso en la Tierra o un mundo mejor. Cuando decimos eso, asumimos que tenemos que hacer algo visible y concreto, usando nuestro cuerpo, como por ejemplo, transmitir Johrei a otras personas, distribuir flores o conducir personas a la Iglesia. Seguramente, estas son acciones muy importantes, sin embargo, quiero que ustedes sepan que direccionar nuestros corazones a Dios y entregar nuestros sentimientos y pensamientos a Él son, por si solos, acciones que conducen a la construcción del Paraíso Terrestre.

Vuestro corazón y mente pertenecen a la Tierra, ¿verdad? Por lo tanto, si quieren participar de la construcción del Paraíso Terrestre, es necesario que vuestro corazón y mente se tornen un Paraíso ¿no es así? Entretanto, nuestros corazones y mentes están llenos de imperfecciones, ¿verdad? Es por eso que debemos entregar nuestro yo interior a Dios y recibir Su Sagrado corazón y mente, porque Dios, y no nosotros, es el único ser que puede construir el Paraíso Terrestre.

Por lo tanto, ¡vamos a transformar nuestra manera de pensar! Vamos a distanciarnos de la antigua forma de pensar en la cual la “acción” se refiere a los actos visibles y concretos, en los cuales utilizamos nuestro cuerpo. Vamos a creer que Dios quiere que siempre nos centralicemos en Él y a Él entreguemos nuestra existencia. Eso en sí mismo es una acción importante, es así que podremos servir en la nueva fase de Obra Divina de Meishu-Sama de forma bien concreta.

“La construcción del Paraíso Terrestre” tiene un solo significado: seguir los pasos del Mesías Meishu-Sama, nacer de nuevo como hijos de Dios y alcanzar la posición de Mesías. Cada uno de nosotros se puede tornar un Mesías mientras esté viviendo aquí en la Tierra, pues este es nuestro destino. Dios nos dio el nombre “Mesías” en el Paraíso y ahora precisamos, aquí en la Tierra, satisfacer Su voluntad.

Este es el significado de la construcción del Paraíso Terrestre: Dios nos está construyendo para que nos tornemos Sus hijos. ¿Dónde hace eso? Él hace eso dentro de nosotros. Dios está siempre preparando nuestro corazón y mente para que nuestra conciencia no desaparezca cuando morimos. Dios quiere que nuestra conciencia dure para siempre y alcance la vida eterna.

Del fondo de mi corazón y en nombre del Mesías, quiero loar a Dios que está por encima de todos y en todos. Que Él nos gobierne por todo siempre.

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